Rodrigo Llorca Lema

Si dejás el músculo quieto, se atrofia.
Tres semanas de yeso y perdés lo que te llevó meses construir,
dicen los fisioterapeutas.
El que espera que la que le gusta venga a hablarle, la ve irse con el que sí se animó.
Y el comediante que no quiere ofender a nadie termina contándole chistes a su pareja. O peor… a su hermana.
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Todo lo que no te animás a hacer, se pierde. Y casi nunca te das cuenta, porque siempre hay a quién echarle la culpa.
Al mercado, que está saturado. A la gente, que no te valora.
A este país, donde nadie invierte en nada.
Tenés una explicación para cada cliente que no llegó. Y todas son ciertas.
Ese es el problema… son tan ciertas que te dejan tranquilo.
Mientras tanto… aceptaste dar un diagnóstico gratis porque “total es un ratito”. Subís contenido tibio intentando no incomodar a nadie. Le dijiste que sí a ese cliente insoportable, porque “peor es nada”. Y hace años que facturás lo mismo, pero a eso le decís estabilidad.
Te dijiste que era por ahora. Que cuando la situación mejore, cuando tuvieras más tiempo, cuando aprendieras a hacerlo mejor, ibas a empezar en serio.
Pero pasaron los años y lo único que mejoró fueron tus excusas. Cada vez más elaboradas, más creíbles, más difíciles de refutar. Una vez, diez veces, mil veces.
Sos bueno. Sabés que sí. Y estás para mucho más. Pero sonás igual que cualquiera con tu mismo título, y te convenciste de que eso es culpa de otro.
Porque la víctima no es el que sabe menos. Es el que tiene la experiencia y los resultados, pero prefiere que nadie lo vea diciendo lo que piensa por las dudas, por si incomoda, por si alguien se entera. Y mientras te escondés, el que se anima a mostrarse se lleva a tu cliente.
Ahora, en lugar de convertirte en el experto que todos recomiendan, sos el que contesta “si te parece bien”, “cualquier cosa me avisas”, “quedo atento a tus comentarios”, y el que pide “perdón por molestar”.
Una cagada, la verdad.
Tu talento está enyesado.
Y el yeso te lo pusiste vos.
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De un lado, la víctima que siempre tiene razón. Del otro, el que se hace cargo y empieza a tener clientes.
Los dos juntos, no.
No tenés los clientes que merecés porque te bancás tus excusas.
Y eso no cambia hasta que te hagas cargo de cómo comunicás lo que sabés, aunque de arranque te incomode.
Cada semana mando un mail contando cómo hacerlo. Te sumás acá:
Uno solo, y lo escribo de forma descarada. Si te fijás no solo en lo que digo sino en cómo lo digo, vas a ver en vivo y directo cómo se comunica alguien para que lo contraten y no le lloren la milonga.
Aunque nunca trabajes conmigo, ya te va a haber servido:
En el primer mail vas a encontrar opiniones que nadie se anima a decir. Después la cosa se pone peor.
Si preferís seguir teniendo razón sobre por qué no te va bien, esto no es para vos. Te recomiendo no sumarte. Y no, no es psicología inversa: es un consejo.
Y una aclaración: a mi mentoría no entra cualquiera. Yo decido si tenés el perfil. Los consejos son para todos los que se animen a leerlos. Trabajar conmigo, no.
Una última advertencia… este mail es para profesionales, consultores y expertos que ya tienen experiencia y clientes pero están cansados de tener un techo y no pasar de eso. Si buscás la fórmula para facturar sin saber hacer nada, estás en el lugar equivocado.